Es la hora señalada y, como ocurre todos los días, periodistas argentinos, chinos, brasileños, españoles y hasta árabes se acomodan detrás de una valla en el Compass Minerals Center. Todos esperan lo mismo. Ver a Lionel Messi; ver cómo está Rodrigo De Paul, tratar de adivinar el equipo que Lionel Scaloni pondrá frente a Austria. Pero son apenas 15 minutos, ni uno más.
Las cámaras se encienden cuando aparece el capitán, siempre rodeado por De Paul y Nicolás Otamendi. Hay sonrisas, algún chiste y un trote suave. Los fotógrafos disparan sin parar. Después, las puertas se cierran y el espectáculo termina.
O, en realidad, recién empieza. Porque la verdadera Selección, la que menos se ve, trabaja lejos de las cámaras. Y allí es donde Scaloni y su cuerpo técnico construyen una parte importante de la ilusión argentina.
La obsesión es una sola; llegar enteros. No al duelo contra Austria, y ni siquiera a los 16avos de final. La mirada apunta más lejos, mucho más lejos. En el búnker argentino nadie piensa el Mundial partido por partido, sino que se piensa en siete escalones más. En una carrera larga en la que hay que tratar de sobrevivir.
Por eso, en Kansas City, la recuperación tiene casi la misma importancia que la competencia. Los entrenamientos con pelota son apenas una parte del trabajo. Detrás aparece otra Selección, la de los preparadores físicos, médicos, kinesiólogos y nutricionistas. La de las cargas controladas, los ejercicios regenerativos, las horas de descanso y la alimentación. La que no sale por televisión.
Y los resultados están a la vista. Mientras varias selecciones comenzaron a sufrir bajas y molestias musculares, Argentina tiene a los 26 futbolistas a disposición. Incluso a Nicolás Tagliafico, que arrastraba un problema físico, pero ya está recuperado. Sin embargo, no hay ninguna urgencia por devolverlo al equipo. La buena respuesta de Facundo Medina en el debut frente a Argelia les dio tranquilidad a Scaloni y sus colaboradores.
La idea es clara. No vale la pena arriesgar cuando el Mundial recién empieza.
El cuerpo técnico considera que una recuperación apresurada puede hipotecar lo que viene. Por eso, si un futbolista necesita un día más, lo tendrá. Y si un rendimiento permite no apurar a otro compañero, mejor todavía.
Es una lógica que Scaloni aplica desde hace tiempo y que explica, en parte, por qué casi nunca repite un equipo de memoria. El entrenador piensa el torneo como una maratón y no como una carrera de velocidad. Sabe que para competir durante más de un mes necesita algo más que 11 titulares.
Necesita 22 o incluso los 26 jugadores enchufados, pero sobre todo, sanos.
Por eso no sorprende que en la intimidad del predio del Sporting Kansas City se hable tanto de recuperación. En el cuerpo técnico entienden que ganar un día de descanso puede ser tan importante como un entrenamiento táctico. O que evitar una sobrecarga hoy puede significar tener una alternativa más adelante.
La imagen de Tagliafico es un buen ejemplo. Ya está disponible, pero nadie piensa desesperarse. Medina respondió y el ex Banfield e Independiente tendrá el tiempo necesario para volver al 100%. Esa es una muestra más de una Selección que aprendió a convivir con la paciencia.
Quizá esa sea una de las grandes diferencias con otros tiempos. Ya no existe la necesidad de acelerar los procesos. Tampoco las urgencias ni las apuestas desesperadas. En Kansas City, en el Origin Hotel y en el Compass Mineral Center, la sensación es otra.
Mientras el mundo especula con si jugará Julián Álvarez o Lautaro Martínez, o si Gonzalo Montiel conservará el puesto ante Nahuel Molina, Scaloni parece mirar más allá. Piensa en Dallas, claro, pero también en Miami, Atlanta y en todas las escalas que todavía sueña recorrer. Porque el objetivo no es ganar un partido.
Es llegar al partido número ocho. Y para conseguirlo, entiende, no alcanza con entrenarse bien. También hay que recuperarse mejor.
Por eso, mientras cientos de periodistas esperan 15 minutos para ver a Messi y tratar de descifrar una formación, hay otra “Scaloneta” que trabaja en silencio. Una que no aparece en las fotos ni ocupa las portadas, pero que puede terminar siendo tan decisiva como la que sale a la cancha.
Porque en un Mundial tan largo como este, la diferencia entre seguir avanzando o quedarse en el camino muchas veces no se mide en goles, sino que se mide en piernas.